
Hay sueños despiertos
en el pliegue de la noche.
Como una congregación de luciérnagas siderales,
las estrellas iluminan el firmamento.
Una ilusión insomne
trata de conciliar el sueño.
Bajo el claro de luna,
después de un largo día,
las sombras de los cansados álamos
dormitan en el fondo del río.
La casa, adivinando tu ausencia
mira hacia el campo
buscando tu presencia entre los árboles,
entre el arroyo que va saltando de peña en peña,
en el río que sueña el encuentro con la mar.
Pero tú no estás entre los árboles,
no estás en el arroyo o en el río
ni tras las montañas que cada día
paren piedras resplandecientes.
Tú estás en el valle de rosas y lavandas,
en un lecho de hojas de hierbas
yaces desnuda a mi lado.
Bajo el claro de luna, tu cuerpo iluminado
y en actitud de entrega
es la noche estrellada abierta al firmamento.
Mi boca a tu boca, como el pasto al rocío,
tu boca a la mía como tentadora fruta
del árbol de la vida.
Nos besamos queriendo saciar
la sed de amor,
el deseo y pasión
en la conjugación de nuestros labios.
Tú cabellera al viento juega con la brisa.
Tu cuerpo es la prolongación de tu esencia
reflejada en mis sueños.
Me deslizo por él lentamente.
Descubro los misterios escondidos
en tu mundo de ensueños.
Bajo caricia a caricia,
cubriendo beso a beso
todo el territorio de tus deseos ,
despertando la pasión
de los volcanes que habitan en ti.
Bajo el claro de luna,
tu cuerpo iluminado
y en actitud de entrega
es la noche estrellada
abierta al firmamento.
Y en tono cómplice
nos habla el universo.
Del próximo poemario, El árbol de la vida